Para mi, ¿qué es la UPN?

Por José Diego Gutiérrez Santos

 

 "Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos”

Charles Bukowski

 

Redactar sobre la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), no es cosa menor, es escribir de mi segundo hogar, es manifestar mi opinión acerca de un producto generado por la imaginación hecho arte, dado que uno estudia arropado del ingenio de Teodoro Gonzales, por esa razón sus instalaciones producen un conjunto de emociones encontradas, análogo a lo que suscita ver una obra de Alfaro Siqueiros, de Caravaggio, o el de escuchar un poema de Georges Bataille, o envolverte en magia pura con Rayuela de Julio Cortázar y que no se diga de los relatos del marqués de Sade y Charles Dickens, eso y más transmite mi casa de estudios.

Si no me creen, los invito a que asistan a la biblioteca Gregorio Torres Quintero, suban al segundo piso por las escaleras y al finalizar den media vuelta a la izquierda y contemplen ese momento, como los compañeros se encuentran sumergidos en los libros y como todos  exhiben un rostro de predisposición por el saber, equivalente a la obra de Rafael Sanzio titulada La escuela de Atenas. Si aún dudan, regresen a la posición inicial y sigan derecho hasta llegar a los ventanales que dan al patio, observen detalladamente cada acto que se realiza ahí fuera, unos debatiendo, otras leyendo, unos más pensando, otras escuchándose mutuamente ¿verdad que es equivalente a lo que Rafael pintó? Como les dije al principio, la UPN es arte en estado puro.

 

 

Por otro lado, ya son seis semestres de estudio (cinco en la UPN), aprendiendo cada día algo nuevo, desde las herramientas académicamente hablando, hasta la seducción y lucidez por el conocimiento y la racionalidad. Todo es debido a aquellos profesores con una gran vocación por enseñar, lo que gestó una relación comunicativa y a su vez una pasión por explorar más allá de lo que se encerraba en las aulas. Es que, es ahí, en las relaciones sociales (profesor-estudiante, estudiante-estudiante) donde se generan saberes más allá de la clase tradicional, ya sea en el aula o en sus patios de concentración que Teodoro Gonzales intuía al momento de la creación de la UPN (y que consiguió sin duda).

A este proceso cognitivo de saberes también se le debe incluir el legendario “triángulo” (que ahora no tiene una forma definida) pero que sin titubear ha sido un lugar de concentración masiva que genera algarabías de estudiantes al son del choque de botellas y de las buenas pláticas entre compañeros de todas las licenciaturas que procreó nuestra universidad. Ahora las remembranzas emergen: un día mis compañeros y yo (sociólogas) “profundizábamos” sobre un tema de clase en el “triángulo” y fue tan atrayente el tema, que al poco rato se sumaron al dialogo más compañeros de Administración Educativa, Psicología Educativa y de Pedagogía. Ese día fue esplendoroso, se extendía el placer del saber y se deconstruía el aprendizaje de un tema desde varias percepciones, ese día fue formidable.

Regresando al tema de los maestros, como en todos lados, hay buenos y malos, pero los malos (según mi experiencia) omitámoslos en esta ocasión, así que los buenos en este apartado son muchos y muchos de ellos me incentivaron a seguir aprendiendo un poco más, para objetar lo que ya estaba dado, para reflexionar sobre lo que fue, lo que es y lo que será el mundo que nos rodea. Me enseñaron a no “tirar la toalla”, a poder convivir como individuo singular que soy y a la vez siendo parte de un grupo, porque incluso hubo profesores que nos unieron y nos enseñaron lo que es la comunidad y la cooperación en tiempos en que la soledad, la egolatría y la melancolía del “yo” se exteriorizó como individual. Sin olvidar que nos motivaron a combatir contra el pánico escénico que se origina las primeras veces que nos enfrentamos a exponer, ya que en el aula se experimenta un cambio significativo, se acumula una neblina espesa que no te deja visualizar lo que hay enfrente y sólo te permite escuchar los ruidos lejanos y envolverte de miedo. Ese miedo que eriza la piel y hace que las palabras se oculten y los pensamientos se obstruyan, ese miedo que sólo se elimina con seguridad, seguridad que nos enseñaron a dominar y que logramos conquistar.

 

 

También cabe mencionar que nuestra casa de estudios no sólo es magia y felicidad, también es una casa llena de conflictos y problemas, un lugar de relaciones de poder que no podemos dejar aislados de la realidad upeniana. Esta relación de poder se da desde los mismos intereses de algunos estudiantes, pasando por los que conforman la administración, sin dejar de lado a los académicos y llegar hasta la máxima autoridad. Sufre también grandes crisis de identidad y contradicción que afectan a toda la comunidad universitaria, pero con convicción y apoyo mutuo de todos se podrá posicionar como una de las mejores del país. Sólo necesitamos cambiar lo que debe de ser cambiado y apoyar a nuestra casa en todo lo que podamos, porque la UPN no es de aquellos, es de nosotros, los que somos parte de esta comunidad universitaria.

Chile

La movilidad académica al sur del continente fue un viaje muy interesante, porque aprendí de muchas personas, al mismo tiempo que me enseñaron de su cultura, de la historia de su país, de su forma de vivir, de la comida tradicional que los caracteriza, además pude interiorizarme en el país y comprender los problemas tanto sociales, políticos, como económicos y que al mismo tiempo me sirvió para concebir esa alteridad y entender a la población, pero también fue un aprendizaje agradable que me sirvió para comparar a nuestro país y los del sur y tratar de rescatar lo bueno de cada uno (Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia) y sin duda compartir la magia de nuestra nación.

Cabe señalar que los paisajes del sur eran mágicos, indescriptibles, con un encanto singular, que no podría describirlos y mucho menos poder capturarlo en una fotografía, pero estoy contento porque sé que mi mente guardo excelentes imágenes de esos lugares y que una vez más he comprendido que la madre naturaleza guarda un sinfín de maravillas en su interior y que en cada escenario, la Pacha-mama se impone con una gran fuerza que no podríamos entender.

 

 

Para finalizar, la UPN ha sido una gran institución y me siento orgulloso siendo parte de esta comunidad. He logrado en ella mucho, he conocido a personas que se convirtieron en más que compañeros, se convirtieron en grandes amigos. En cuestión académica aparte de todo el conocimiento adquirido hasta hoy, pude obtener un intercambio académico para ir a estudiar a otro país. Lo que me ha servido para ver otra realidad fuera de México, pero también para entender aún más a nuestra nación y es por eso que hoy redacto desde el sur del continente, desde la patria de Salvador Allende, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, del MIR, Violeta Parra y Víctor Jara, entre otros, hoy les escribo desde Santiago de Chile. 

José Diego Gutiérrez Santos

Estudiante Sociología de la Educación

Unidad Ajusco

Movilidad académica a Chile

Créditos del Blog

 

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