Enorme reto

Por Javier Márquez Rodríguez

 

 “La persona que dice que no se puede, no debería interrumpir a la persona que lo están haciendo”

Anónimo


Por medio del presente me gustaría compartir mi experiencia formativa, personal y profesionalmente. Mi nombre es Javier Márquez Rodríguez, soy una persona con discapacidad motriz (artrogriposis múltiple congénita) que es una limitación en las articulaciones y músculos de las extremidades inferiores y superiores, soy egresado de la Licenciatura en Psicología Educativa generación 2008-2012, en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Unidad Ajusco de la Ciudad de México, y mi experiencia de vida comienza así.

Debido a mi condición física de nacimiento, después de haber recibido 11 operaciones reconstructivas para poder ser lo más autónomo posible, mi vida académica no fue lo que se esperaba, pues al ser rechazado por los jardines de niños de gobierno por los temores y desconocimientos, y de igual forma ser valorado por el DIF como una persona con capacidades intelectuales normales, en pocas palabras, ni escuelas especiales ni estandarizadas me querían recibir, se aventaban la pelotita. Hasta que mi madre, siendo una mujer con nula o poca educación académica y con poca solvencia económica, decidió no dejar sin educación a su hijo y pagó una escuela particular, en la cual me aceptaron con la condicionante de aumentar la colegiatura, aun así mi madre accedió y tuve la oportunidad de aprender y comenzar mi formación.

Gracias a la recomendación del director del jardín de niños particular me recibieron en una primaria pública, con un poco de recelo por parte de algunos profesores, pero ésto no impidió que concluyera mi educación primaria y pudiera ser asignado a una escuela secundaria diurna. Lo cual tuvo sus complicaciones sociales y de índole interpersonal, ya que se conjugaron una serie de factores como la adolescencia, la modificación del sistema educativo, la inexperiencia de algunos profesores, los temores de las autoridades, entre otros; pero nada de ello me afectó tanto como mi deseo de concluir mis estudios.

 

 

Llegamos a la época de la preparatoria, en la cual se tiene un mayor acercamiento con los compañeros y profesores, las autoridades se tornan un tanto más flexibles. Como pueden observar a este momento de mi vida no en mencionado en lo absoluto la palabra inclusión, pues sería absurdo hacerlo, ya que después de entender el término, puedo decir que no me sentí en algún grado incluido. Las adaptaciones las tenía que realizar yo, era yo quien debía buscar la forma de participar de las actividades educativas y en ocasiones abstenerme de realizarlas. No digo esto como reproche, mi intención es que se pueda observar el atraso, temores y prejuicios que tenia la sociedad, y que aún en estos días se siguen teniendo.

Al concluir la educación media superior, decidí ya no estudiar e incorporarme al ámbito laboral, el cual tiene sus dificultades particulares para cada persona. Aunque no es imposible encontrar trabajo, para una persona con discapacidad se duplican o triplican los retos, por fortuna y con apoyo de familiares y amigos logré ser contratado en un pequeño despacho de contadores como ayudante general. Al pasar dos años en ese empleo y relacionarme con personas con licenciatura o más estudios, comenzó a picarme el gusanito de reanudar mis estudios, tenía dos opciones: la UNAM y la UPN. Fui aceptado en la Universidad de la cual estoy orgulloso de pertenecer: UPN.

Creo que podrán imaginarse el reto que representó para una persona con limitación en las piernas, el pasar cuatro años de mi vida en estas instalaciones, al principio representaban un enorme reto, ya que el edificio es hermoso, pero hace una representación a una pirámide maya, pero por suerte un año después de mi ingreso comenzaron a construir rampas, lo cual fue una bendición para mí.

 

 

Puedo decir que cada materia, cada profesor y cada compañero que tuve en estos cuatro años de formación universitaria, tuvieron un impacto importante; pero mencionar a cada uno de ellos me tomaría mucho espacio, así que sólo mencionare a dos profesores de los cuales aprendí de lo más importante en esta vida. Quiero mencionar al profesor Humberto Monier, del cual me llevo el aprendizaje de cuán importante es cada persona, que para estar al frente de un grupo como docente lo primero que debes desarrollar es el sentido humano, preocuparte y ocuparte de los individuos que tienes enfrente, que para poder aprender y enseñar, el amor es un ingrediente principal y no puede faltar.

La otra persona que impactó mi vida de una manera especial es la profesora Susana Sandra Oliver, pues con ella pude comprender los términos inclusión y resiliencia, ya que para poder comprender estos conceptos es importante la empatía y la diversidad. Gracias a las actividades realizadas con esta profesora, logré saber y conocer de personas con habilidades y condiciones diversas, desde amigos raramuri o de alguna otra región o pueblo, intérpretes de lenguaje de señas, personas ciegas, amigos con alguna preferencia sexual diferente a la mía o con algún otro tipo de discapacidad. Ello me permitió abrir mi mente y perspectiva sobre el termino inclusión, pues hace que tenga que ligar el termino de resiliencia; pues todos tenemos dificultades de diferente índole, como lo es la discriminación social, económica, racial o condicional, los problemas o dificultades intrapersonal e interpersonales, entre otras.

 

 

Así pues al enfrentarnos como profesionales o como guías de personas más jóvenes, yo me pregunto será posible enseñar algo de lo cual no se tiene conocimiento o que no se ha superado. Por lo tanto, hago referencia al lema de la UPN: “Educar para transformar, educar para liberar”, del cual rescato que una mente dispuesta a cambiar y con las herramientas adecuadas, logrará tener un espíritu libre. La educación no es el sometimiento del ser, sí la evolución del conocimiento en el ser.

Gracias por tomarse un tiempo para leer estas palabras, agradezco a Dios por permitirme vivir esta vida, llena de obstáculos y dificultades, pues eso me permite ser una mejor persona.

Javier Márquez Rodríguez egresado de la Licenciatura en Psicología Educativa, UPN Ajusco generación 2008-2012

 

 

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