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Mi experiencia en el taller de coro


Por Sergio Adrián Ramírez Cardador

  

Toda la vida he tenido afinidad por las artes escénicas aquellas donde pudiera expresar una emoción o un sentimiento, sin embargo las oportunidades para tener acceso a un lugar en el que pudiera ponerlas en práctica eran casi nulas o bien carecían de las instalaciones adecuadas para llevarlas a cabo y disfrutar de este gran placer que son las artes.

Todo cambió cuando fui aceptado en la carrera de Psicología Educativa en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Unidad Ajusco, ya que al recorrer sus pasillos, había carteles y propagandas inundando algunas paredes donde se hacía referencia a temas de diversa índole por ejemplo: cursos y talleres educativos, maestrías, doctorados, presentaciones de libros y otros más, pero una categoría llamó mi atención: los talleres culturales.

La oferta era muy variada, podía satisfacer fácilmente los gustos y aptitudes de los distintos alumnos que acudíamos a informarnos y a quedar maravillados con los espacios y materiales al ingresar por vez primera al mundo de las artes o bien, a poner en práctica alguna de estas actividades tan apasionantes para muchos de nosotros.

 

 

Al tener tantas opciones frente a mí para desenvolverme en el plano cultural, tuve que tomar una difícil decisión: seguir con mi más grande pasión que es la música o bien, probar algo nuevo. Fue así como caí rendido ante los encantos de una nueva actividad: el taller de coro. Sin embargo dicha comunidad llevaba por nombre algo así como apreciación musical y su uso como herramienta didáctica, era un nombre algo complicado para aprender, así que mejor le decíamos coro, para los cuates.

Como ya dije entre líneas, lo primero que me pregunté fue: ¿Por qué me inscribí al taller? La respuesta fue para continuar con una de mis más grandes aficiones: la expresión artística y al ver que dentro de mi alma mater esto se podía poner en práctica sin arriesgar mis materias, ni mis compromisos como estudiante, decidí aprovechar esta única oportunidad.

Quiero decir que el taller de coro fue algo increíble para mí, ya que tener contacto con verdaderas y verdaderos cantantes poseedores de extraordinarias voces fue algo que jamás en la vida pensé que podría ser partícipe.

 

 

Yo entré al coro con la interrogante de ¿Qué espero aprender? Todo el tiempo la respuesta fue: cantar. Sin embargo ahí aprendí más que eso; aprendí que mi tono de voz es de bajo o de barítono, aprendí ejercicios de respiración para tener un mejor desempeño en el escenario y, de la mano del profesor Julio Jesús, aprendí más de dos canciones que serían las que posteriormente el coro presentaría en el Auditorio Lauro Aguirre.

Es importante destacar que el coro es un semillero de talentos y no lo digo a manera de halago para mí mismo, sino por los demás artistas que eran parte de ese coro en el que yo estuve. Escuchar un tenor entonar una nota alta era una experiencia inalcanzable para mí, sin embargo ahí en el coro y en los ensayos pude estar codo a codo con varios jóvenes que tenían dicho timbre de voz. De igual forma, más de una de las señoritas que también cantaban en el coro, tenían voces en verdad entrenadas y armónicas que, en unión con las de los varones eran una verdadera experiencia auditiva para nosotros mismos que acudíamos sin falta y con gran disposición a los ensayos.

Puedo decir que el Tollite hostias que canté una y otra vez con el resto de mis compañeros sonaba cada vez mejor con cada ensayo y con cada una de las voces que ahí estábamos.

 

 

El haber sido parte de los talleres culturales, da como interrogante ¿En qué contribuyó a mi formación personal o profesional? Sin lugar a dudas contribuyó en ambos aspectos; por un lado como persona, este taller te enseña valores morales como el trabajo en equipo, la solidaridad, la confianza en sí mismo, el respeto hacia los demás y la armonía. Todos los valores ya mencionados los evidencie en el momento en que al ser 15 personas con diversas voces, todos éramos una sola cuando nos escuchábamos, cuando cantábamos y sobre todo cuando compartíamos el mismo gusto por este gran placer que es la música.

Con respecto a mi formación profesional, me ha dejado una gran enseñanza que puedo aplicar en mi carrera, al poder unir la práctica de este tipo de talleres culturales en los distintos escenarios en los que me desempeñe a fututo, ya sea impartiendo un taller del mismo tipo de expresión vocal o bien fomentando el gusto por el trabajo colaborativo que contribuya al crecimiento personal de cada uno de los participantes del mismo, además de generar una gran satisfacción en cada uno de los cantantes.

Para concluir, quiero recomendar ampliamente el taller de coro a los nuevos compañeros que están buscando un espacio para poner en práctica sus habilidades vocales y que, sobre todo, quieran pasar un rato agradable con compañeros de otras carreras y generaciones para compartir esta gran pasión que es el canto, así como recordarles a las nuevas generaciones que la UPN nos da muchas facilidades, así que les sugiero que las aprovechen y vivan esta gran experiencia, no se arrepentirán.

 

 

 

 

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