Bailar es un placer


Por Sergio Adrián Ramírez Cardador

 

Para comenzar debo decir que la danza siempre ha sido una expresión artística que ha estado presente en mi vida, con mis familiares, amigos y conocidos; aunque no somos bailarines de oficio, sí lo somos de gusto. Este tipo de arte y de expresión se me había negado durante mucho tiempo, ya que considero, realmente, que tengo muy poco talento para desenvolverme en la pista como el resto de la gente, por no decir que “bailo” muy mal. Sin embargo, no puedo negar que siempre me ha producido gran emoción y alegría tratar de realizar alguna vuelta, algún paso o simplemente moverme.

Un buen día del semestre ante pasado, estaba yo decidido a ingresar a un taller nuevamente, pero no estaba muy seguro de cuál de todos elegiría. Pasó por mi mente el tae kwon do, el piano, aprender a jugar ajedrez, regresar a coro; pero ninguno de los anteriores me sedujo por completo.

Al comentarle mi inseguridad a mi novia, ella me dijo mira hay taller de baile, así que fuimos al salón que está junto a la cafetería y vimos a las pocas personas que en ese momento practicaban un paso de merengue. Nosotros dos decidimos quedarnos hasta la siguiente pausa que tendrían los bailarines y la profesora, para hablar con esta última y solicitar una oportunidad en el taller. Acto seguido hablamos con ella, nos informó los horarios, los trámites y ese mismo día iniciamos todo lo necesario para presentarnos la siguiente clase.

Lo que pasó la primera clase fue algo inolvidable, ya que hicimos varios pasos que jamás en la vida me hubiera imaginado yo poder hacerlos, en serio yo, Sergio, quien suele moverse con muy poca gracia, ahí estaba bailando con el resto de mis compañeras.

  

 

Vino entonces a mi mente una pregunta que ha sido recurrente en estos casos ¿Por qué ingresé al taller? La respuesta es simple, por el simple placer que produce bailar, porque es una actividad donde me puedo ejercitar sanamente y no me aburro, porque siempre será agradable aprender algo nuevo, en este caso a bailar ya que, aunque no sea algo necesario en la vida o bien que se algo vital, siempre es bueno poder divertirse en las fiestas, en reuniones con amigos y no quedarse solamente sentado, triste, aburrido y viendo a las demás personas divertirse.

 

¿Qué sientes cuando bailas? "No sé... Me siento muy bien. Al principio estoy agarrotado, pero cuando empiezo a moverme lo olvido todo y... Es como si desapareciera, como si desapareciera y todo mi cuerpo cambiara, como si tuviera fuego dentro... Siento como electricidad, si como electricidad" Frase de la película Billy Elliot

 

Así que al tener en mente la razón por la que decidí ingresar al taller, lo siguiente era ¿Qué esperaba aprender en el mismo? Como ya dije, la razón principal era aprender a bailar, ya que es muy gratificante poder verse a uno mismo y auto evaluarse con respecto a los logros alcanzados de forma paulatina. Para mí sería fácil ver qué tanto aprendía pues es algo que a corto plazo me daría resultados visibles y en el plano de mis movimientos propios.

Definitivamente lo que esperaba aprender fue sobrepasado por la realidad, ya que términos como rumba, paso doble, vuelta de cumbia, vuelta hacia atrás y otros tantos relacionados con el baile, fueron algo que aprendí en esas clases y que, dejarían marca en mí y a mi “mejorado” estilo de baile.

 

 

Puedo decir que el taller de danza fue algo que responde a la siguiente pregunta, ¿En qué contribuyó a mi formación personal o profesional? La contribución fue enorme a mi consideración, ya que desde el momento en que la profesora nos informó que daríamos una presentación al final del semestre en el Auditorio Lauro Aguirre, todos los compañeros pusimos mucho más empeño en las clases, de por si extenuantes, pero muy divertidas. Yo veía en la cara de la profesora Sandra Julieta Pérez Pérez, que a veces los resultados no eran los que ella deseaba, pero nadie se dio por vencido y pese al tiempo encima todos nos aprendimos las coreografías.

En el taller de danza pude ver cómo el tiempo y la presión pueden generar buenos proyectos, ya que el resultado que tantos nervios nos causaba fue muy bueno en términos de los aplausos de la gente en la presentación y sobre todo, de la satisfacción personal de cada uno de los participantes que tanto esfuerzo pusimos para obtener un gran resultado y no equivocarnos tanto en la presentación.

 

 

Puedo decir que ser parte de esta incomparable experiencia me ha dejado una gran satisfacción personal en todos los ámbitos, tanto amistades que nacieron ahí, como mejores pasos de baile que es lo que yo deseaba desde un principio. Un elemento extra es la constancia que me dieron al finalizar mi participación en dicha comunidad. Las fotografías que el lector observa son prueba de lo que viví en compañía del resto de las muchachas que bailaron los mismos ritmos que quien escribe este texto.

Invito ampliamente a todos aquellos compañeros que así como yo, no son tan hábiles al momento de bailar pero que tienen el deseo de aprender y de divertirse realizando actividades que no solamente contribuyen en su desarrollo personal, sino también académico.

¡Únanse al taller de baile, ahí siempre habrá espacio para una persona más!

 

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