Entre el danzón y la danza regional

Mi experiencia en el Taller de Danza regional

por Luis Galeana Rodríguez


Cursé la Licenciatura en Sociología de la Educación, en la Unidad Ajusco de la Universidad Pedagógica Nacional, convencido de que era la opción de formación profesional que me interesaba. No me equivoque, ya que su plan de estudios y plantilla docente los encontré a satisfacción. Lo que me transformó en un ávido estudiante de la ciencia social. Además, mis compañeros de generación me brindaron una amistad diversa y enriquecedora.

El saber que existían talleres culturales y un tentador menú de opciones, siempre me invitó a acercarme a Difusión Cultural. Pensé que al tomar algún taller lograría ocupar cierto tiempo libre y distraerme sin más. Hasta que un día me decidí y me inscribí a Danza regional, que tomé dos semestres. Sin embargo, a la misma hora, en el espacio contiguo, estaban las clases de Bailes de salón que para mí fueron un distractor permanente, ya que con los acordes de los diferentes ritmos que de ahí salían (chachachá, mambo, danzón, etcétera), no podía concentrarme.

 

Continuamente me descubría retrotraído a diferentes momentos de mi infancia y adolescencia, cuando en las fiestas familiares y populares se detonaba el baile con los acordes de la Sonora Matancera, la Orquesta Aragón, Bienvenido Granda y la primera danzonera de América: Acerina y su Danzonera. Eran tantas y tan constantes “invitaciones”, que les hice caso y curse varios talleres de bailes finos de salón y danzón. Descubrí de dónde era yo. Viví un gran encuentro con los ritmos que han signado nuestra historia musical y dancística.

Con dedicación de mi parte y sobre todo, con la paciencia y magisterio de mi maestra, fui aprendiendo los pasos de los bailes de salón que me maravillaron. Entonces, por fin pude bailar mi primer danzón en aquel emblemático Salón Los Ángeles, sí, aquel que pregona: “Quien no conoce Los Ángeles, no conoce México” y así, comenzar a entender aquello que me había impactado desde niño y ahora me estremecía, la gran riqueza musical que subyace en esos ritmos que Cuba dio al mundo pero sobre todo a México.

El aprendizaje y la práctica del baile de salón me tenían reservado encontrar a mi pareja de baile y de vida, ya que fue ahí donde conocí a mi ahora esposa. Un gran sentimiento amoroso germinó en nosotros y dio un sólo cause a nuestras vidas. Historia que remonta ya los quince años y va para adelante.

Considero que el haber tenido la posibilidad de tomar talleres culturales en la UPN, es una gran oportunidad para enriquecer nuestro bagaje cultural, también para abrir nuevos horizontes a nuestra experimentación corpórea, ya que te estimula la conciencia (espacio, cuerpo, movimiento). Además de que por parte de la institución, denota convicción de que la función de toda universidad es la docencia, investigación y divulgación del conocimiento.