¿Para qué sirven las universidades?

 

La mayoría de los intentos por definir la universidad invariablemente aluden a un grupo de conceptos como pensar, meditar, dudar, analizar y razonar. 

Ejemplos de lo anterior podemos citar muchos; baste revisar los siguientes.

“La Universidad es la comunidad de estudiantes y profesores que se reúne para pensar”, afirmaba el Cardenal Newman. Sartre, el filósofo francés, por su parte nos ofrece la definición: “La universidad está hecha para hombres capaces de dudar”.

Otro ejemplo más lo encontramos en los postulados de Robert Hutchins, quien afirmaba:   “La Universidad es el espacio recogido para meditar los problemas intelectuales del mundo”. Por último, Karl Jaspers insistía en que “La universidad es el recinto sagrado de la razón”.

De las definiciones citadas, es claro que las acciones dudar, pensar, meditar y razonar, entre otras, son conceptos usualmente asociados a otro más abarcador: el conocimiento. De esta línea argumental podríamos derivar una definición muy aceptada acerca de la misión de las universidades como recintos o instituciones cuya tarea fundamental es fomentar, facilitar, estimular, atesorar, acrecentar y difundir el conocimiento.

Origen del invento de la Universidad

La aparición de universidades europeas en el siglo XII se debe a varias circunstancias: el interno desenvolvimiento de las escuelas monásticas y catedralicias, el vigoroso influjo de la ciencia y teología árabes, junto con la organización gremial de la sociedad. (Larroyo, 1984) La cultura árabe se potencializa en los siglos X, XI y XII; primero en Bagdad, Basora y El Cairo, después en Córdoba, Toledo y Sevilla. 

En estas escuelas no sólo se cultivan las “artes liberales”; son centros de investigación científica y de alta docencia donde la física, la medicina y las matemáticas alternan con la filosofía y la teología. Dichos centros aspiran a la “universalidad del saber”, de un saber más avanzado que el de Occidente. 

Las Cruzadas acercaron más la cultura occidental con los pueblos del Oriente. El influjo hallado en Occidente promueve el auge de los estudios teológicos y filosóficos. Las escuelas monásticas y catedralicias experimentan el impulso necesario para transformarse en planteles de enseñanza más elevados. 

La organización gremial de la Edad Media aporta las condiciones sociales favorables para producir una corporación (en latín universitas), integrando a personas de una misma cla-ses social o profesión, de maestros y discípulos consagrados con libertad académica a la investigación y alta docencia .  Después, con el creciente poder de la realeza se fomentaron nuevos planteles de enseñanza superior, al tiempo que cesaban las últimas invasiones y  la sociedad se estabilizaba.

¿Qué significa la palabra universidad?

El nombre inicial de las instituciones pedagógicas fue el de studium generale. Su plan de enseñanza no incluyó de inmediato todas las ramas del saber. En su origen fue un plantel general para todos los estudiantes preparados, sin distinción de raza y nacionalidad donde podían cultivar y enseñar una rama del saber.

Con el tiempo el término, studium generale, se utilizó para nombrar el conjunto de ciencias, el estudio general o universal del saber. Sobre todo cuando el Papa y emperador en turno confirieron ciertos privilegios como el de enseñar en todas partes (facultas ubique docendi). 

A finales del siglo XIV el término fue reemplazado por el de universitas. La palabra “universidad” adquirió el sentido de institución docente y de investigación dedicada con libertad de maestros y alumnos a todas las ramas del saber (universitas litterarum). Aunque en un principio sus miembros se consagran en una sola disciplina.

Ninguna cultura ha conseguido ahorrarse la función docente. En el curso del diálogo, el maestro se pone a la altura del discípulo para conseguir mejor su adhesión. Kierkegaard observa: “Para auxiliar verdaderamente a alguien debo estar mejor informado que él, y sobre todo tener la inteligencia de lo que él comprende, a falta de lo cual el magisterio no le sería de ningún provecho”.

Sin caer en utopías, la misión de la universidad no es única, el término es variante. Se ha dicho que el pueblo que no fomenta la educación y no fortalece su universidad está destinado a la dictadura. Debido a la actitud crítica de los universitarios, de los ilustrados y de todos los egresados, proyecciones de la universidad, constituyen la gran defensa de la li-bertad… y blanco de los gobiernos autoritarios.

Universidad del futuro

Sin embargo, la universidad del mañana será significativamente diferente respecto de la tradicional. Hay una evolución evidente de estos centros de conocimiento, cambios que seguramente los llevará a convivir con otras formas de creación, preservación, difusión y generación de conocimiento.

El mercado mundial y sobre todo la rapidez de los cambios tecnológicos, sociales y económicos, exigen nuevas oportunidades en educación y capacitación continua sin omitir la cobertura. La necesidad de educación de por vida puede convertirse en la principal conexión de los individuos con las universidades.

Para Hutchins, la finalidad del sistema educativo como la formación de ciudadanos responsables; no solamente proveer de obreros u operarios especializados a las industrias, o enseñar a los jóvenes a ganarse la vida. La universidad se funda en el supuesto de que, en cada sociedad, en cada nación, existe la necesidad de hacer crecer el conocimiento, de meditar profundamente sobre los problemas intelectuales  y materiales más importantes que aquejan a la humanidad con miras a solucionarlos. 

“Ser maestro no es resolver afirmaciones, ni dar lecciones para estudiar; ser maestro es verdaderamente ser discípulo. La enseñanza comienza cuando tú te instalas en aquello que él ha comprendido y de la manera como él lo ha comprendido”.

En la Universidad Pedagógica Nacional, que en realidad es un sistema de campus que cubren todo el territorio nacional, encontrarás espacios para la reflexión, el aprendizaje, el intercambio de conocimientos y la investigación. Conocerás profesores con gran experiencia, investigadores de enorme prestigio y, sobre todo, un espacio de libertad y enorme apoyo para el libre ejercicio del pensamiento, la duda, y la reflexión.

 

Bibliografía

Denifle, H. (1885). Las Universidades Mediavales. Berlín.

Larroyo, F. (1984). Historia general de la pedagogía. México: Porrúa.

Robert, H. (1968). La Universidad de Utopía. Buenos Aires: EUDEBA.

 Kierkegaard. Points de vue explicatif de mon oeuvre, trad. P.H. Tisseau, Bazoges-en-Pareds, 1940.

I. Ribera. La Enseñanza entre los Musulmanes-Españoles. Zaragoza, 1983.

 

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